
Tras 3 años llenos de alegrías, mi vieja Epiphone The Dot ha dejado su lugar a un nuevo compañero de viajes y satisfacciones... Sí, aquí la tenéis... Una Fender Telecaster Highway One.
Tras una primera toma de contacto con el instrumento noto, inicialmente, una frescura y suavidad tremendas en el mastil, y una ligereza absoluta en cuanto a movimientos. Pesa mucho menos y es más pequeña que mi antigua jumbo, por lo que permite más amplitud y agilidad de movimientos.
Pero centrémonos en lo importante... el sonido.
La parte más desconcertante y que me decepciona ligeramente es la imposibilidad de acoples, sonidos tremendamente psicodélicos y redundantes que llenaban las composiciones y el sonido de Perfect Day.
Sin embargo, y pese a comenzar con un elemento negativo, debo admitir que la suavidad de su plano físico se complementa a la perfección con el punto stoniano que transmite. Es una guitarra perfecta para rock, pero su limpieza y armonía también se acoplan estupendamente a la vena sesentera del pop, a la psicodelia o al funky.
En fin... Todo son halagos para mi nueva adquisición, que me ha dejado feliz musicalmente hablando... y con la que querré parecerme aún más a Keith Richards!!!!