Es curioso cómo las cosas adquieren tintes noctámbulos y ensoñadores cuando un grupo de gente conecta en un mismo ámbito de la vida, conjugando una serie de sensaciones y gustos llamados a marcar para siempre en sus memorias y experiencias una nueva salida de un maravilloso sol.
Desde hace casi dos años, tengo la suerte de compartir mi vida musical con tres personas (una de ellas varió irremediable y tristemente en diciembre de 2006, a causa de problemas ajenos a nosotros) que consiguen que, en cada momento que pensamos en música surjan emociones e ilusiones fuera de lo corriente.
Actualmente, Perfect Day es un proyecto que gira en torno a una concepción nada predefinida de la música, sino una experimentación constante a través de los anchos recodos del pop. Desde la más sencilla de las melodías "made in sixties", hasta la ensoñación de la influencia tibetana, pasando por las desgarradoras guitarras del más puro rock...
Esta reflexión nace del sentir dylaniano de cómo una canción te sugiere cosas, y no al revés. De cómo una canción (o la forma de ejecutarla o de llevarla a cabo o de experimentar con sus acordes, armonías o melodías) te encuentra a ti, y no al revés. De cómo una canción puede cambiar desde que la escuchas llegar a tu cabeza hasta que es ejecutada en directo o grabada para un disco.
El último ensayo del grupo fue absolutamente mágico por mi parte, viendo como una canción (prometedora, por cierto) fue desarrollándose ante nuestros ojos con una cascada de ideas y experimentaciones que dieron lugar a como algún día la conoceréis en directo. "Copa de Cristal" aunó una entrada digna de Townshend, Entwistle y Moon; una estrofa que dice más cosas de las que nos podríamos imaginar (gracias a una letra cargada de filosofía de dos vidas paralelas); un cambio que no dista mucho de la fuerza y a la vez ternura del latido de un corazón; y una parte final "heyjudiana", con coros a dos voces que esperarán atardeceres para ser cantados.
Al terminar el ensayo y preparación del tema, me di cuenta de la cantidad de energía que habíamos empeñado en mimar y cuidar nuestra canción, dejando al azar muchas cosas, que renacerán al ser tocada de nuevo.
Por primera vez desde que funcionamos con la nueva formación (desde que Franfer sustituyó a José), sentí verdadera compenetración, sentí que todos remamos en la misma dirección, y que el río, si queremos, empujará sus aguas hacia arriba si es necesario.
Y es curioso que en estos precisos momentos, estas últimas semanas y días, esté sintiendo que realmente estoy empezando a hacer lo que quiero hacer con este proyecto, expresando más de lo que había imaginado, y sintiendo más de lo que pude en cualquier otro momento.
Por eso, al caer la luna, un día perfecto se dibujó ante nuestros ojos...
Desde hace casi dos años, tengo la suerte de compartir mi vida musical con tres personas (una de ellas varió irremediable y tristemente en diciembre de 2006, a causa de problemas ajenos a nosotros) que consiguen que, en cada momento que pensamos en música surjan emociones e ilusiones fuera de lo corriente.
Actualmente, Perfect Day es un proyecto que gira en torno a una concepción nada predefinida de la música, sino una experimentación constante a través de los anchos recodos del pop. Desde la más sencilla de las melodías "made in sixties", hasta la ensoñación de la influencia tibetana, pasando por las desgarradoras guitarras del más puro rock...
Esta reflexión nace del sentir dylaniano de cómo una canción te sugiere cosas, y no al revés. De cómo una canción (o la forma de ejecutarla o de llevarla a cabo o de experimentar con sus acordes, armonías o melodías) te encuentra a ti, y no al revés. De cómo una canción puede cambiar desde que la escuchas llegar a tu cabeza hasta que es ejecutada en directo o grabada para un disco.
El último ensayo del grupo fue absolutamente mágico por mi parte, viendo como una canción (prometedora, por cierto) fue desarrollándose ante nuestros ojos con una cascada de ideas y experimentaciones que dieron lugar a como algún día la conoceréis en directo. "Copa de Cristal" aunó una entrada digna de Townshend, Entwistle y Moon; una estrofa que dice más cosas de las que nos podríamos imaginar (gracias a una letra cargada de filosofía de dos vidas paralelas); un cambio que no dista mucho de la fuerza y a la vez ternura del latido de un corazón; y una parte final "heyjudiana", con coros a dos voces que esperarán atardeceres para ser cantados.
Al terminar el ensayo y preparación del tema, me di cuenta de la cantidad de energía que habíamos empeñado en mimar y cuidar nuestra canción, dejando al azar muchas cosas, que renacerán al ser tocada de nuevo.
Por primera vez desde que funcionamos con la nueva formación (desde que Franfer sustituyó a José), sentí verdadera compenetración, sentí que todos remamos en la misma dirección, y que el río, si queremos, empujará sus aguas hacia arriba si es necesario.
Y es curioso que en estos precisos momentos, estas últimas semanas y días, esté sintiendo que realmente estoy empezando a hacer lo que quiero hacer con este proyecto, expresando más de lo que había imaginado, y sintiendo más de lo que pude en cualquier otro momento.
Por eso, al caer la luna, un día perfecto se dibujó ante nuestros ojos...
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